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Aneurisma

Torácico

Torácico

Los aneurismas de aorta también pueden comprometer a la aorta torácica. Es relativamente menos frecuente, correspondiendo a solo un 10% del total de los aneurismas. Cuando además se dilata la aorta abdominal hasta el nivel infrarrenal en distintas proporciones se los denomina aneurismas torácoabdominales (ver aneurismas tóracoabdominales).
La mayoría de los aneurismas son degenerativos, asociados a la aterosclerosis, tabaquismo e hipertensión (85%) y frecuentemente se da en personas adultos grandes. Por el contrario, el aneurisma disecante, o disección aórtica, se puede dar en pacientes jóvenes asociados a enfermedades congénitas (Síndrome de Marfan, Ehlers-Danlos) o en adultos mayores especialemente asociado a hipertension (ver disección aórtica).

La historia natural de los aneurismas torácicos es el crecimiento progresivo hasta la posterior ruptura, con una sobrevida actuarial en aneurismas mayores a 6cm a dos años menor al 25%, en la cual el 50% de las muertes fueron secundarias a ruptura del aneurisma.

Debido una mayor morbimortalidad asociada a su tratamiento, la indicación quirúrgica es más conservadora. Deben intervenirse, dependiendo del estado general del paciente aquellos aneurismas en crecimiento, sintomáticos, rotos contenidos o mayores de 6 cm de diámetro.

El tratamiento quirúrgico convencional, como tradicionalmente se lo hacía, consiste en el reemplazo de la aorta comprometida por una incisión toraco-retroperitoneal. Se reemplaza la aorta colocando en su lugar una prótesis tejida de Dacron. Dicho abordaje es muy invasivo y por lo tanto es solo utilizado en casos en los cuales no puede aplicarse el tratamiento endovascular.

El tratamiento de elección en estos pacientes es el tratamiento endovascular, mediante la colocación de una endoprótesis, que intuba al aneurisma y lo despresuriza. Mediante anestesia peridural, y una incisión pequeña de cuatro centímetros a nivel de la ingle, se coloca una prótesis que evita que el aneurisma siga creciendo y se rompa. Los resultados son muy alentadores, recuperándose rápidamente el paciente y con una estadía hospitalaria de dos a tres días.


Riesgos


Existen complicaciones tabién asociadas a este tratamiento, aún siendo minimamente invasivo. La paraplejia, imposibilidad de movilizar los miembros inferiores acompañado de incontinencia, es una complicación muy poco frecuente pero devastadora. Por tal motivo una serie de medidas protocolares se tomán en todos los pacientes a los que se les va a efectuar este procedimiento. Drenaje de líquido céfalorraquideo computarizado, realizar los procedimientos en etapas, tener un estricto control perioperatorio de la presión arterial, el monitoreo neurológico intraoperatorio, evitar la isquemia de los miembros inferiores, todas maniobras fundamentales al momento de cuidar el status neurológico del paciente.